Una nebulosa es una gigantesca nube de gas (principalmente hidrógeno y helio) y polvo cósmico situada en el espacio.
Funcionan como los grandes «viveros» del universo, ya que en ellas nacen nuevas estrellas, o bien se forman como restos de estrellas que ya han muerto.

«Hélice» es una nebulosa planetaria descubierta en 1824.
Son importantes para el universo debido a que dentro de algunas de ellas se forman las estrellas (como consecuencia de fenómenos de condensación y agregación de la materia). En otros casos, solo contienen restos de estrellas extintas.
Las nebulosas se pueden encontrar en cualquier parte del espacio interestelar. En nuestra galaxia (la Vía Láctea), las nebulosas se encuentran a grandes distancias de la Tierra, que se miden en años luz.
Sin embargo, es posible contar con imágenes detalladas en las que se aprecia su majestuosidad, gracias a los científicos que operan con instrumentos complejos y sensibles, como el telescopio espacial Hubble.
Tipo de nebulosas
Las nebulosas presentan diferentes formas y tamaños, y se dividen en cuatro tipos:
- Las nebulosas de reflexión. Son aquellas que reflejan la luz de las estrellas cercanas (estrellas que no emiten suficiente radiación). Presentan colores en tonos azulados debido a la forma en que la luz es dispersada por las partículas de polvo de la nebulosa. Por ejemplo, la nebulosa “Pléyades” (o también llamada “siete hermanas”).
- Las nebulosas de emisión. Son las más comunes, aquellas que emiten luz propia debido a la alteración de los átomos de hidrógeno que reciben la radiación ultravioleta de las estrellas. Por ejemplo, la nebulosa “Omega”.
- Las nebulosas de absorción. También llamadas “nebulosas oscuras”, no son visibles de manera directa. Son aquellas que no emiten luz y que ocultan a las estrellas que contienen. El primer astrónomo en descubrir este tipo de nebulosas fue el alemán William Herschel. Por ejemplo, la nebulosa “cabeza de caballo”.
- Las nebulosas planetarias. Son aquellas que emiten la luz de las estrellas que contienen, luego de que éstas expelen sus capas más externas de gas (su última etapa de vida). Este tipo de nebulosa tiene forma de anillo o burbuja. Por ejemplo, la nebulosa de la “Hélice”.
Características de las nebulosas
Las nebulosas están compuestas por gas (predominan el hidrógeno y el helio) y polvo. Alcanzan un diámetro de cientos de años luz de longitud.
Se forman con la explosión de las supernovas, es decir que son la consecuencia de la última etapa de vida de las estrellas.
Cuando una estrella no tiene más combustible para quemar (los gases),
su núcleo comienza a colapsar bajo su propio peso y eso genera una expulsión abrupta de la capa externa que se expande hacia el espacio,
lo que da lugar a formas variadas y llamativas: las nebulosas.
Por ejemplo, el destino del Sol es convertirse en nebulosa de tipo “planetaria” y terminar sus días como una “enana blanca”. Dentro de unos cinco mil millones de años, el Sol agotará su reserva de hidrógeno
y se convertirá en una estrella roja gigante, que se expandirá más allá de la órbita de la Tierra.
Cientos de millones de años después, emanará la mitad de su masa hacia el espacio exterior, por lo que se verá
(desde sistemas estelares lejanos) como una gran nebulosa planetaria, en donde antes existía el Sistema Solar.
Otra característica muy significativa e interesante es que algunas de las nebulosas pueden dar origen a estrellas y sistemas planetarios.
Las estrellas se forman a partir del gas y del polvo que se encuentra en algunas nebulosas, como “pilares de la creación”
y “nebulosa del águila”.
Allí, el gas y el polvo se acumulan debido a su propio efecto gravitacional (es decir, que las nebulosas
realizan un proceso en el que se encogen).
Se produce una fragmentación de la materia en grupos más pequeños y cada uno de ellos puede calentarse
hasta iniciar una reacción nuclear que se convierta en una nueva estrella.
El resto de la materia que no logra convertirse en estrella, forma parte del material que dará origen a un planeta o a
otros objetos del Sistema Solar.
Además de las nebulosas, existen grupos de antiguas estrellas (de las más antiguas del universo) denominadas
“cúmulos globulares”, que orbitan alrededor del núcleo galáctico (el centro de rotación de nuestra galaxia).
Estos cúmulos están atraídos entre sí por la fuerza de gravedad, por lo que conforman regiones esféricas. De allí el origen de su nombre, del latín globulus que significa “esfera pequeña”. Por eso podemos encontrar estrellas o grupos de estrellas entre las nebulosas o en diferentes espacios de las galaxias.
Nebulosa de Orión

La nebulosa de Orión también se denomina Messier 42 o M42.
La nebulosa de Orión, también conocida como Messier 42 o M42, es una de las más brillantes y puede observarse
en el cielo nocturno (a pesar de que se encuentra a unos mil cuatrocientos años luz de la Tierra).
Fue descubierta por el francés Nicholas Peiresc en 1610.
Se ubica al sur del cinturón de Orión y está conformada por cientos de estrellas recién nacidas y un grupo de estrellas
jóvenes, llamado Trapecio, que tienen dos millones de años aproximadamente.
Su aspecto presenta colores variados: rojizos (consecuencia de la radiación de la emisión electromagnética
del hidrógeno), azulados con tintes violetas (consecuencia del reflejo de las estrellas de tipo espectral
que se encuentran en el centro de la nebulosa) y verdosos (consecuencia de la transición de unos electrones sobre los átomos de oxígeno).
Nebulosa de Orión

El nombre de la Nebulosa de Orión proviene de la constelación donde se encuentra.
Se conoce como la Nebulosa de Orión, también llamada Messier 42, M42 o NGC-1976, a una de las nebulosas más
brillantes que existen en el firmamento
observable desde la Tierra, ubicada justo en la constelación de Orión, a unos 1270 a 1276 años luz de nuestro planeta.
Posee un diámetro de 24 años luz y es uno de los objetos astronómicos más estudiados y fotografiados de todos
los tiempos, visible a simple vista en algunas regiones del planeta.
Conviene aclarar que una nebulosa es una región del espacio en que grandes masas de gas (hidrógeno y helio, mayormente)
se aglutinan junto con otros elementos químicos que integran el polvo cósmico.
En muchos casos, son estas nebulosas el lugar de nacimiento de las estrellas, debido a los efectos de la condensación y la atracción gravitatoria. Pero también pueden tratarse de restos de estrellas extintas.
La Nebulosa de Orión forma parte de una enorme nube gaseosa ubicada en el corazón de la constelación del mismo nombre,
y que alimenta también el bucle de Barnard, la Nebulosa Cabeza de Caballo, la Nebulosa de Mairan, la Nebulosa M78 y la
Nebulosa de la Flama.
En su seno existe una alta producción de estrellas, por lo que el espectro de luz dominante es el infrarrojo, debido a la emisión
calórica de dicho proceso.
Además, su forma es casi esférica, alcanzando una densidad central de casi el doble que, en su periferia, y está compuesta por
nubes estelares, cúmulos estelares, regiones H II y nebulosas de reflexión. En sus puntos más álgidos, alcanza una temperatura máxima de unos 10.000 grados kelvin (K).
El nombre de la Nebulosa de Orión proviene de la constelación donde se encuentra, herencia a su vez de la mitología griega.
En ella se contaban distintas versiones de la vida de Orión, un gran cazador mencionado en la Odisea de Homero,
y al que se atribuyen diversas hazañas míticas, así como su muerte ante un gigantesco escorpión (inmortalizado, a su vez, en la constelación de escorpio).
Descubrimiento de la Nebulosa de Orión
Según muchas fuentes, los antiguos mayas habrían notado la región celeste en donde se ubica esta nebulosa, que denominaban Xibalbá. De acuerdo a su imaginario, la nube de gas evidenciaba la presencia de los hornos mismos de la creación.
Occidente descubrió la Nebulosa de Orión en 1610 y se le atribuye al francés Nicolas-Claude Fabri de Peiresc,
según lo escribe Cysatus de Lucerna, un astrónomo jesuita de 1618. Mucho después sería incluida en el Catálogo de Objetos Astronómicos de Charles Messier en 1771, correspondiéndole el nombre de M42.
Su carácter nebuloso no se descubriría hasta 1865, gracias a la espectroscopía de William Huggins, y en 1880 se publicaría su
primera astrofotografía, obra de Henry Draper. La primera observación directa de la nebulosa fue producto del telescopio espacial
Hubble en 1993, gracias a lo cual (y a sus numerosas observaciones posteriores) se han realizado incluso modelos tridimensionales posteriores.
Los Astro

No todos los astros existentes son visibles a simple vista.
Se conoce como astros, o más formalmente como cuerpos celestes, a las diversasentidades físicas existentes en el universo, desde una perspectiva astronómica.
En términos estrictos, los astros son elementos singulares, únicos, cuya existencia se supone o se ha comprobado
mediante métodos científicos de observación espacial; por esa razón constituyen una categoría de los objetos astronómicos,
entre los cuales puede haber objetos múltiples, como los anillos planetarios o los cinturones de asteroides, compuestos por muchos elementos distintos.
Los elementos que existen en el espacio exterior a nuestro planetahan fascinado a la humanidad desde tiempos antiguos, y mucho
esfuerzo se ha dedicado a su observación y comprensión, a través de telescopios, sondas espaciales e incluso un viaje tripulado a la luna.
Gracias a esos esfuerzos, hemos podido llegar a saber mucho sobre los otros mundos que existen, la galaxia que los alberga y
el universo infinito que lo contiene todo. Sin embargo, no todos los astros existentes son visibles a simple vista, ni siquiera con la ayuda de un telescopio ordinario.
Otros incluso requieren de aparatos científicos especiales o sólo puede deducirse su presencia por los efectos físicos
a los que someten a otros cuerpos a su alrededor.
