Juan Apaza

Juan Apaza

Juan Apaza. En 1776 el Rey Carlos III crea el Virreinato del Río de la Plata, en la cual Córdoba queda en 1785 como la capital de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, comprendiendo los actuales territorios de las provincias de Córdoba, La Rioja y la región de Cuyo. Según un acta del Cabildo la población provincial ascendía, en enero de 1760, a 22.000 habitantes, de los cuales 1.500 eran españoles, especialmente gallegos y vascos. Los gallegos por su parte eran mayoritariamente originarios de la villa marinera de Marín, muy cerca de la ciudad de Pontevedra. Mientras que los restantes pobladores se dividían en castas formadas por mestizos, mulatos y negros. En 1789 nace José Antonio Miralla. Fueron sus padres don Francisco Miralla y doña Helena Molina. Familia posiblemente originaria de Andalucía. José Antonio siendo aun un niño, se traslado con sus padres a Buenos Aires, que era el puerto y la capital del Virreinato del Rio de la Plata. Realizo sus estudios en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires, durante el rectorado del Dr. D. Luis José Chorroarin. Este sacerdote fue un destacado educador y participante de la revolución de mayo, que influyo notablemente entre la juventud independentista de su época. Durante el período colonial estudiaron en este colegio personalidades políticas de la historia argentina, que contribuyeron a la independencia argentina. Entre ellos, seis de los nueve miembros de la Primera Junta: el presidente Cornelio Saavedra, los secretarios Mariano Moreno y Juan José Paso, y los vocales Manuel Belgrano, Juan José Castelli, y Manuel Alberti. A ellos se sumaron numerosos hombres públicos, como Domingo French, Feliciano Antonio Chiclana, Manuel J. García, José Valentín Gómez, Manuel Moreno, Bernardo de Monteagudo, Nicolás Rodríguez Peña, Manuel Dorrego, Antonio Balcarce, Mariano Necochea, Tomás Guido y Martín Rodríguez. En este colegio empezó a distinguirse por su inteligencia. Después ingresó en el curso de teología, protegido por un pariente suyo, el Deán Funes, autor de la Historia civil de Buenos Aires y Paraguay. José Antonio se formo en un ambiente muy ligado al librepensamiento, donde las ideas independentistas estaban muy arraigadas entre los jóvenes criollos. Según algunos historiadores permaneció en esta ciudad hasta 1810, conjeturando que posiblemente no participó del 25 de mayo de aquel año. Según José María Gutiérrez poco tiempo después de las jornadas de la reconquista, allá por el año de 1809, llegó á Buenos Aires un habilísimo orfebre genovés, D. José Bogui. El artista italiano queda impactado por la creatividad poética del joven José Antonio. Desde ese momento decide apadrinarlo y lo convence para que lo acompañe en sus proyectos comerciales, en las distintas zonas mineras de la cordillera andina.

SU ETAPA PERUANA

A los 24 años comienza su peregrinar por varios países del mundo. Su primera parada fue en el Perú, donde llega a Lima el 20 de julio de 1810, junto José Bogui. Al poco tiempo de establecerse son detenidos por el Virrey José Fernando de Abascal y Sousa. A través de un decreto de septiembre de 1810, se ordena su detención por conspiración y va a la cárcel, pero es perdonado rápidamente. Reanuda sus estudios y obtiene el grado de Bachiller en la Universidad de San Marcos, luego inicia la carrera de medicina. En 1812 imprime en Lima su primer trabajo literario. En la capital andina conoce y hace una gran amistad con José Javier de Baquíjano y Carrillo de Córdoba, Conde de Vistaflorida, (1751 – 1817), que fue su protector y un precursor de la Independencia del Perú. Baquíjano es nombrado oidor de la Audiencia de Lima en 1806, luego fue designado el 28 de junio de 1812 vocal del Consejo de Estado en la Cortes. Las mismas debían gobernar España mientras durara el cautiverio del rey Fernando VII. El nombramiento de Baquíjiano suscitó grandes fiestas en Lima, promovidas tanto por el Cabildo como por los habitantes de todas las clases de la ciudad. Si bien el Cabildo estableció inmediatamente los días 4, 5 y 6 de julio para las fiestas en la Plaza, previendo repiques e iluminaciones las tres noches y un banquete en sus salones, las demostraciones de júbilo comenzaron antes y terminaron después por propia iniciativa de los habitantes de la ciudad. En efecto, al conocerse la noticia, en forma espontánea integrantes de todos los sectores sociales fueron alegres a felicitar al doctor Baquíjano a su propia casa. De modo que los escenarios fueron la plaza mayor destinada al pueblo, las salas del Cabildo, reservadas a los vecinos principales, y la propia casa de Baquíjano, donde se encontraron todos los segmentos siguiendo el orden estamental. Sera José Antonio Miralla fue el encargado de escribir la crónica de aquellas populares fiestas. Miralla en su escrito señala, que toda Lima veía que el imperio por primera vez miraba a un hijo suyo influir en sus destinos. La fidelísima Ciudad de los Reyes, que había buscado siempre el mejor posicionamiento dentro de la monarquía, también ahora pretendía un papel destacado en la nueva monarquía constitucional que estaba naciendo. Junto con esta renovada aspiración de la ciudad, nacía asimismo una nueva forma de concebir las fiestas del poder, que, al decir de Miralla, ya no eran «un tributo servil a los poderosos, [sino] elogio verdadero al hombre virtuoso». Cuando Baquíjano se traslada para España vía Panamá, para cumplir esta función política, lo lleva a Miralla como secretario. Permaneció en España durante varios años, entre­gado a una vida de aventuras y amoríos. Al sentirse acosado por la reacción fernandista viaja a Francia y luego a Inglaterra donde perfecciona el ingles y se contacta con la masonería de este país.

UN INTELECTUAL LIBERAL REVOLUCIONARIO

Miralla fue un intelectual de amplia cultura y de una exquisita conversación. Fue un hombre polifacético. Estudio filosofía, derecho civil y público, era un distinguido filólogo: hablaba el francés, el italiano, el inglés y el portugués, y conocía el latín y el griego. Como poeta pertenece a la generación de los neoclásicos argentinos (Manuel José de Lavardén, Juan Cruz Varela, Esteban de Luca, Vicente López y Planes, etcétera). No tiene abundante obra poética, la misma ha quedado muy dispersa. Seguramente su aporte mas importante ha sido la traducción literaria, entre los libros que paso al castellano podemos citar Últimas cartas de Jacopo Ortis de Ugo Foscolo (La Habana 1822); El cementerio de la ladea, del poeta inglés Thomas Gray (1716-1771); Las cartas de Emilia sobre mitología escrita por el poeta francés Carlos Demoutier (1760-1801) y varias poesías del poeta italiano Metastasio (Roma, 3 de enero de 169 (Roma, 3 de enero de 1698 – Viena, 12 de abril de1782) 8 – Viena, 12 de abril de1782).

SU PASO POR CUBA

Desde Inglaterra se traslada a Cuba en 1819, con la misión de crear las condiciones revolucionarias para la independencia de Cuba y Puerto Rico. En La Habana se dedica al comercio logrando una posición económica acomodada. En esta ciudad se relaciona con otros independentistas latinoamericanos como José Fernández de Madrid (el último presidente de la primera república neogranadina en 1816), el poeta José María Heredia, el guayaquileño Vicente Rocafuerte, que sería presidente de Ecuador en 1835 y el escritor peruano Manuel Lorenzo Vidaurre, establecido en Camagüey. En 1820 participó en el motín habanero a favor de la puesta en vigor de la Constitución de 1812. Fue exactamente el 15 de abril cuando el pueblo habanero unido con determinados elementos revolucionarios dentro del propio ejército español obligó al Capitán General Juan Manuel Cagigal a jurar la Constitución de Cádiz de 1812, tras el pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael de Riego. En esa peligrosa ocasión la oratoria vibrante del poeta revolucionario argentino José Antonio Miralla logró calmar los ánimos del pueblo, lo que permitió que el Capitán General saliera a los bajos del Palacio para jurar la Constitución. Fernández Madrid, a pesar de sus relaciones profesionales con el general Cagigal publicó en la prensa su poema Al ciudadano Miralla con motivo de haber sosegado el furor del pueblo el 15 de abril de 1820, en el que elogia la valiente actitud de su amigo y la puesta en vigor de la Constitución.

EL ARGOS” UNO DE LOS PRIMEROS PERIODICOS DE CUBA

Con el restablecimiento de la constitución en Cádiz las colonias comenzaron a tener mayores libertades, entre ellas la libertad de imprenta. Es así como junto a su amigo el colombiano Fernández de Madrid fundan el histórico periódico El Argos. El primer ejemplar se edito el 5 de junio de 1820. Se publicaron en total 34 números. La Doctora cubana en Ciencias Históricas Mildred de la Torre Molina señala en un artículo: “En 1821 fundaron ambos- Miralla- Fernando Madrid en la misma Habana un periódico titulado el Argos, para influir en la política del continente y en especial en la de los habitantes de Méjico, en donde acababa de dar Iturbide el grito de independencia, (24 de febrero de 1821.) Las ideas monárquicas del plan de Iguala dejaban demasiado transparente los fines de ambición personal que se realizaron en 18 de Mayo de 1822; — día en que se vio en América la parodia de un Emperador consagrado por el motín militar de un sargento. Los verdaderos patriotas mejicanos querían entrar francamente en el camino natural de los destinos de América que ellos comprendían y aceptaban como ley infalible en lo futuro. Aspiraban al triunfo del sistema democrático republicano y á la comunidad de principios é intereses entre los nuevos Estados que nacían á la independencia, para que esta gran familia de naciones llegase á ser próspera y feliz por medio de la paz, del orden y de una sabía administración económica. El programa del Argos era este mismo, y estas las ideas y tendencias á cuyo servicio se pusieron sus inteligentes redactores.”

INTENTONA REVOLUCIONARIA

Miralla como otros independentistas criollos de su época formaban parte de la masonería de obediencia inglesa. En La Habana formo parte de la logia Los Soles y Rayos de Bolívar. La misma estaba integrada por criollos que deseaban la independencia de Cuba. Desde sus inicios funciono como logia operativa, de carácter conspirativa. Desde 1821 al 23, junto con otras sociedades que permanecían en secreto, organizaron una acción en contra del dominio español, presente en la mayor de las Antillas. El objetivo del alzamiento era crear la Republica de Cubanacán con la ayuda de Venezuela y Colombia e incorporarla, como parte de la Confederación, a la Gran Colombia que entonces presidía El Libertador Simón Bolívar y abarcaba los actuales países de Venezuela, Colombia y Ecuador. El Jefe Supremo de la organización en Cuba, y también de La Habana, era el José Francisco Lemus, secundado por José Teurbe Tolón, en Matanzas, y Martín de Mueces, en Pinar del Río. Cada miembro de base era un Sol que tenía que incorporar a seis Rayos al movimiento. Las autoridades colonialistas de la época en Cuba presumían que el 16 de agosto de 1823 era la fecha escogida por los jefes de la conspiración independentista, para alzarse en armas contra el dominio español en la Isla. Esta conspiración constituye el primer intento de liberación de la Isla por parte de los criollos. Entre los integrantes de la logia revolucionaria a parte de Miralla se destacaron, José María Heredia; José Fernández de Madrid, Vicente Rocafuerte y Manuel Lorenzo Vidaurre. El revolucionario argentino fue miembro de la sección de Educación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, desarrollando una intensa labor favorable al mejoramiento docente de las escuelas públicas, también fue secretario de la Casa de la Beneficencia. En 1822 se traslada a los EEUU con el fin de buscar apoyos para la acción independentista. En este país se reúne con destacadas personalidades norteamericanas inclusive con el que fuera tercer presidente de los EEUU Thomas Jefferson. En aquella entrevista pudo interpretar directamente que a los norteamericanos no les interesaba la independencia de Cuba. Esta apreciación lo llevo a comprender que la única ayuda auténticamente independentista, seria por parte de Simón Bolívar. Durante su estancia en los EEUU conoce al destacado Profesor de literatura española y francesa en la Universidad de Harvard, con quien mantiene varios encuentros literarios.

EN BUSCA DE BOLIVAR

Al poco de salir de Cuba las fuerzas realistas ordenan su detención, aunque la misma llego tarde. Estaba en el país de norte cuando se entera de que ya le era imposible regresar a Cuba Ante la falta de eco de las propuestas independentistas de los exiliados cubanos en los EEUU. Miralla junto a otros patriotas cubanos entre ellos Aniceto Iznaga, Fructuoso del Castillo, Agustín Arango, Betancourt y González deciden trasladarse hasta Bogotá para entrevistarse con el vice presidente general Francisco de Paula Santander, ya que Bolívar estaba en la campaña del Perú. A su paso por La Guaira y Caracas encontraron al general portorriqueño Valero a quien eligieron jefe de la comisión, siguiendo rumbo a Bo­gotá, donde residía el gobierno. Aquí llegaron el 1º de enero de 1824, y se entrevistaron con el vicepresidente Santander, del que pidieron apoyo para su idea. Este les manifestó que por el momento era imposible realizar tan nobles propósitos, pues entonces se jugaba la suerte de América al azar de Ayacucho. Unos meses antes de su llegada de la comitiva se habían entrevistado en Guayaquil los libertadores Simón Bolívar y el general San Martin. En este país se relaciona al más alto nivel político y cultural. Entre sus amigos estaban Luis Vargas Tejada, escritor y político; Pedro José Ramón Gual Escandón, secretario de Relaciones Exteriores del gobierno. Por intermedio de Gual consigue ser nombrado como Oficial Mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores de Colombia. Con un sueldo de 66 Reales y cuarto empieza su nueva vida, en estas tierras bolivarianas. Mientras espera que el gobierno revolucionario de este país decida un apoyo contundente, para lograr la independencia de Cuba y Puerto Rico, conoce a la hermosa santafereña Elvira Zuleta Domínguez con quien se casa y nace a fines de 1824 su única hija Helena. Aquel era franco, buen mozo y elegante; era «el rey de la conversación» en los salones, y tenía un metal de voz sumamente grato. Miralla era sacerdote protestante, y en Bogotá desempeñó públicamente su oficio en una ocasión solemne, con motivo del entierro del secretario de Mr. Anderson, ministro norteamerica­no. En el año y medio que estuvo en Bogotá, sus negociaciones no dieron el resultado esperado. El General Bolívar y su proceso independentista tenía otras prioridades y la independencia de Cuba debería esperar. Durante el año y medio que residió en Bogotá el vicepresidente de este país le expidió Carta de naturaleza con fecha del 19 de julio de 1824. Miralla se radicó en la capital, en cuyos círculos literarios y sociales ocupó elevada posición. Era bien parecido —dice don Juan Francisco Ortiz en sus Reminiscencias—, su color trigueño, su cabeza poblada de negros y rizados cabellos, su mirada luminosa, su dentadura limpia como la plata cincelada. Usaba siempre sombrero de pelo, corbata blanca, levita de paño color de pasa, muy bien cortada y abotonada hasta el cuello, pantalón negro, botas, guantes y estoque. Sus movi­mientos eran airosos y desembarazados… Era el Adonis de las damas, el embeleco de las tertulias; era un cumplido caba­llero, que se hacía querer por sus modales y por su chispa». En el poco tiempo que vivió en Colombia ya se había ganado la fama de buen poeta y mejor improvisador. Cuentan que en una oportunidad se encontraba en un cementerio en el entierro de un amigo cuando los presentes advirtieron que sobre un cráneo de una tumba brotaba una flor de amapola.

SU ÚLTIMO VIAJE

El 4 de julio de 1825 se constituyo en la capital azteca, en el antiguo Convento de Belén, la Junta Promotora de la Libertad Cubana, integrada por muchos de los ex miembros de la logia Soles y Rayos de Bolívar, exiliados en aquellas tierras. Según contaba la mujer de Miralla, Elvira Zuleta, en julio de 1825 dos mexicanos se acercaron hasta Bogotá, con el fin de convocarlo a una reunión muy importante en México. Dada la forma clandestina de actuación de los masones, Elvira conocía muy poco de la actividad conspirativa de su marido. Miralla es convocado de urgencia para ser parte de las operaciones político militares, para liberar a Cuba y Puerto Rico. Con dicho fin José María Heredia se traslada también desde los EEUU. El poeta argentino parte en una fragata inglesa el 15 de julio, junto a su mujer e hija, acompañado por el Coronel veracruzano Ignacio Basadre. El viaje le fue financiado por el Ministro de México, José Anastasio Torrens. Las penalidades del viaje enfermaron a su esposa, por lo cual se vio precisado a permanecer veinte días en Jalapa. Allí le dio la fiebre amarilla, pero enfermo y todo, continuó el viaje, dejando a su mujer e hija, para luego reencontrase. Tanto Heredia como Miralla tenían la misión de entrevistarse con el presidente de México, Guadalupe Victoria. En carta al Canciller de su nación, Torrens comunicaba desde Bogotá la importancia de trasladar a Miralla a México: “Siendo muy interesante que el Sr. Coronel D. Igno. Basadre represente a V.E. a la mayor brevedad para informarle de algunos negocios importantes en la isla de Cuba, saldrá de aquí el 15 del corriente en compañía del Sr. Miralla, Comisionado de dicha isla en esta capital en la que ha residido un año con objeto de pedir a este gobierno en cumplimiento de su comisión los medios de hacer la independencia de aquel país, pero no habiéndole resuelto aquí nada después de haber estado aquí un año en contextaciones, se ha determinado a hacer la propuesta al nuestro y yo considerando las ventajas que nos resultarán de semejante medida he aprovechado la coyuntura de hacer a mi patria un servicio positivo […] Yo me prometo que por el influjo que goza dicho Miralla en la isla, y por el conocimiento geográfico, topográfico y estadístico que tiene de toda ella, el gobierno sacará muchas ventajas, y que mis contactos serán coronados con un feliz resultado.” El plan consistía en invadir Cuba en el mes de octubre. El Presidente mexicano Guadalupe Victoria tenía lista la expedición en Yucatán. La acción militar estaría encabezada por los generales Antonio López de Santa Anna y Nicolás Bravo. Santa Anna había puesto en práctica una leva entre los indígenas de Yucatán y fabricado incluso cientos de escalas para asaltar las fortalezas habaneras de El Morro y La Cabaña. El mandatario mexicano sólo aguardaba la llegada de unos buques que se construían en el extranjero, así como el traslado del batallón colombiano Girardot a Cartagena, misión encomendada por Bolívar al General puertorriqueño Valero, tras su exitoso desenvolvimiento en la conducción del sitio de El Callao. A pesar de los preparativos, los EEUU presionaban a los países involucrados en el proyecto para que desistieran de la idea. Mientras tanto los barcos encargados tardaban en llegar para iniciar los preparativos navales. En medio de las intensas relaciones con el gobierno Mexicano, Miralla comienza a sentirse mal. Los síntomas de la fiebre amarilla auguraban una muerte rápida. Fue así como su vida se apago el 4 de octubre de 1825 en Puebla de los Ángeles. La muerte de Miralla causó un gran sentimiento de dolor en Colombia. La prensa y los hombres de letras le dedicaron sentidas y hon­rosas necrologías. Importantes poetas, entre otros Vargas Tejada, José María Salazar y Francisco de Urquinaona, escribieron emotivos poemas. Su prematura muerte repercutió también en los planes de los patriotas cubanos. El que fuera amigo suyo el vice presidente de la Gran Colombia, el general Francisco de Paula Santander, en informe reservado a Bolívar fechado el 9 de marzo de 1826, le alerta sobre la injerencia norteamericana: “Los Estados Unidos se han interpuesto con este gobierno para que se suspenda todo armamento contra la isla de Cuba […] con el pretexto que de otro modo pueden entorpecerse las negociaciones con España para lograr su reconocimiento a la independencia de las repúblicas hispanoamericanas. El 22 de Junio de ese año se realiza en Panamá convocado por Simón Bolívar el Congreso Anfictiónico, que reúne a la mayoría de los países recientemente independizados. El objetivo era crear la Patria Grande Latinoamérica. Uno de los puntos de la agenda para debatir en el encuentro, era la de tomar una decisión sobre el apoyo a la independencia de las islas de Cuba, Puerto Rico, Canarias y Filipinas. El intento de estimular la independencia las islas caribeñas recibió la opinión contraria del observador británico, quien advirtió además de los riesgos de lanzarse a una guerra contra España en la región del Mar Caribe donde otras potencias -como la propia Gran Bretaña y Francia poseían colonias. La presión británica desaconsejó también invocar el apoyo de Estados Unidos para instaurar por la fuerza la Doctrina Monroe, en tanto los estadounidenses eran, junto a España, los principales actores comerciales en Cuba y Puerto Rico. Finalmente discreparon México y la Gran Colombia sobre cuál de estos países debería liderar el esfuerzo anticolonial en las islas del Mar Caribe, donde ambos Estados disponían de importantes puertos. Esta pugna se agravó con la oposición del delegado británico a toda operación bélica contra las colonias españolas, y causó que el Congreso finalmente evitara tomar alguna decisión sobre el Caribe, mientras Gran Bretaña apenas ofrecía su mediación para lograr el reconocimiento diplomático del gobierno español de los estados surgidos luego de las guerras de independencia hispanoamericanas. El Congreso termina en un fracaso político y el proyecto de liberar Cuba y Puerto Rico queda suspendido.

Después de su muerte lejos de su patria, su vida y obra fue desconocida por la mayoría de sus compatriotas, algunos historiadores hicieron referencia a su proyección política e intelectual como Juan María Gutiérrez y una calle en Villa Lugano en la Ciudad de Buenos Aires, lo recuerda con su nombre. Cuando se produce el triunfo del Movimiento 26 de julio en Cuba se comienza a relacionar la figura del argentino Ernesto Che Guevara, un extranjero que se involucro en la lucha del pueblo cubano, por la segunda independencia, con el otro argentino Juan José Miralla, que más de un siglo antes, había dejado el legado de su pensamiento independentista en este país. Esta relación histórica entre los dos argentinos se exterioriza unos días después del triunfo de la revolución cubana, cuando el Che organiza el 20 de febrero en La Cabaña un recital poético con Nicolás Guillen. El poeta cubano en aquella ocasión señalo: “Yo veo al Comandante Guevara esta noche, recuerdo su heroico papel en la guerra de Cuba y pienso en lo que ello significa. Simboliza la unidad en los pueblos de América -Nuestra América, la de Martí y Sarmiento, la de Hostos y Juárez- en la realización de un destino común: su independencia y su libertad. No es la primera vez que un hombre nacido a orillas del Río de La Plata, un argentino, viene a Cuba a sufrir por la libertad de nuestra Patria. A comienzos del siglo pasado, en 1816, llegó a La Habana, José Antonio Miralla, poeta y médico nacido en Tucumán. Aquí trabajó y conspiró contra la tiranía española. Aquí vivió siete años y fue esa misma tiranía colonial la que, conociendo sus ideas y propósitos, lo obligó a partir hacia los Estados Unidos, primero, y hacia Colombia después. Lo que no le fue dado a Miralla, que murió joven en México sin ver a Cuba libre, le ha sido dado a nuestro Guevara, luchador por nuestra libertad, la libertad de la tiranía de Batista, luchador por nuestra Independencia, la que aún nos falta, por cuya pérdida temió Martí para cuando nos viéramos libres del yugo de España. Pienso también en Máximo Gómez, el Generalísimo, el gran viejo, que no nació en Cuba, pero que ocupó el más alto grado en el Mando de los ejércitos libertadores; pienso en Narciso López, venezolano, creador de nuestra bandera. Todos son América, nuestra gran Patria….” Escribió Ángel Augier biógrafo de Nicola guillen: “No pudo ser más oportuna la evocación de Miralla, quién, con el ecuatoriano Vicente Rocafuerte y el colombiano José Fernández Madrid, contribuyó a infundir en José María Heredia – durante la agitada etapa constitucional habanera de 1823- la asunción ideológica de la epopeya bolivariana. Después, ambos, Miralla y Heredia, estuvieron implicados en el vasto proyecto colombo-mexicano de 1825 de liberar la Isla del dominio español. Las fiebres que extinguieron la vida de Miralla a su paso por Puebla – días antes de que llegara Heredia a esa ciudad, en su viaje a la capital mexicana-, dieron muerte al proyecto. Al evocar Guillén al prócer argentino-cubano del siglo XIX, subrayaba una continuidad histórica insoslayable de la epopeya que en 1959 entraba en una nueva fase, cimentada en sólidas raíces.” En los días posteriores al triunfo de la revolución el periodista cubano, Jorge Quintana, en una entrevista con el presidente de la Argentina, el Dr. Frondizi, le recordó la intervención de un argentino –Miralla- en la lucha por la independencia cubana. El diálogo de ambos, fue mantenido mientras transitaban por senderos de la residencia presidencial de Olivos. Quintana le mencionó a Miralla, para hablar luego del “Che” Guevara, señalando que era un nuevo Miralla, un nuevo argentino que luchó en Cuba, por la causa de la libertad.

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