Las artes aplicadas

Las artes aplicadas

Las Artes aplicadas. Son aquellas que incorporan los ideales de la composición y la creatividad a objetos de uso diario, como una taza, una revista o un banco decorativo del parque. Surgen como una expresión que va en contraposición de las Bellas Artes, las cuales, sirven como estímulo intelectual o de sensibilidad académica para el espectador.. Actualmente, el grabado y la artesanía se encuentran en un punto intermedio, entre las artes aplicadas y plásticas. Esto no siempre fue así, debido a que las artes aplicadas se consideraban como una actividad inferior y además, catalogada dentro de las artes plásticas, que adoptaban un enfoque inicial en la producción múltiple y/o útil de la artesanía y el grabado. No obstante, el concepto cambiaría parcialmente en el siglo XVIII con la Revolución Industrial, cuando la técnica se transformó en tecnología; haciéndola compartir un territorio cercano a la ingeniería. Algunos ejemplos de las áreas englobadas por las artes aplicadas son el diseño industrial, el diseño de interiores, el diseño de modas, el diseño gráfico y la publicidad; de la misma manera aunque en un contexto más abstracto o amplio, también se encuentran la fotografía y la arquitectura.

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Gracias a la aparición de franquicias, muchos objetos de arte aplicado pueden ser coleccionables; como los juguetes, stickers, joyas, coches, guitarras eléctricas, diversos carteles de películas o anuncios antiguos, etc. El proceso evolutivo del neoclasicismo influyó también en las artes aplicadas al igual que en la arquitectura, la pintura y la escultura. El estilo neoclásico, que comenzó a perfilarse hacia 1750, tuvo su máxima significación en las artes decorativas de Inglaterra y Francia; en estos dos países se dieron las manifestaciones más notables y se crearon modelos imitados en toda Europa y exportados a Estados Unidos. Solemne, contenido y a veces algo frío, el estilo neoclásico se caracterizó por la tendencia a las formas geométricas simples con preferencia a los anteriores floreos caprichosos del rococó y por el empleo de decoración austera lineal y plana inspirada en motivos arquitectónicos griegos y romanos. La imitación de la antigüedad clásica buscaba un estilo más racional y noble que pudiera aplicarse al mobiliario, la cerámica, los bronces, la platería o los tejidos. Aunque se conocían ejemplos de mobiliario griego y romano por las pinturas de vasos y los relieves, la copia directa no era frecuente entre los artesanos, que preferían basarse en estos modelos actuando con total libertad, impregnando a las piezas de su propia personalidad.

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En Inglaterra, el arquitecto y proyectista más importante de las primeras fases del movimiento neoclásico fue Robert Adam, que junto a su hermano James creó el estilo Adam. Avanzaron unos modelos que acabarían destruyendo los restos del rococó, aunque aprovecharan de él la vivacidad y la elegancia. Robert Adam se formó en Edimburgo junto a su padre, también arquitecto, y después estudió en Roma donde conoció a Piranesi y adquirió un vasto repertorio de motivos clásicos. Su estilo, muy personal, es ligero, delicado, y está cerca del rococó por su deleite en la ornamentación. Diseñó fundamentalmente muebles de pared (espejos, entredoses y cómodas) y objetos de adorno (trípodes, urnas). Realizó también diseños para alfombras y platería evidenciando en esta última su afición a las formas derivadas de vasos y urnas antiguas. El estilo Adam se difundió a través de sus Works in Architecture y las publicaciones de sus ayudantes. El arquitecto Cameron llevó su influencia hasta San Petersburgo. La cerámica neoclásica inglesa tiene su máxima representación en los trabajos de Josiah Wedgwood, fundador en 1759 de las locerías con el mismo nombre. Sus lozas adquirieron un rango similar al de la porcelana y fueron adquiridas por la familia real inglesa, Catalina la Grande, la reina de Francia y el rey de Nápoles, entre sus más distinguidos clientes. Fue creador de piezas de formas sencillas y elegantes recubiertas de un barniz verde, que recibieron el nombre de Queen’s Ware (Cerámica de la Reina), piezas de gres rojo vítreo llamado rosso antico, basaltos negros y los famosos Jasper wares basados en las decoraciones de los vasos griegos. Para decorar estas piezas inspiradas en los modelos clásicos se empleaba a artistas notables como el escultor neoclásico John Flaxman.

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En Francia iniciaron su reacción frente a las licencias y frivolidades del arte rococó a partir de 1750 surgiendo el denominado estilo Luis XVI, un estilo sereno, comedido, que prefería las formas geométricas pulcras a los caprichos de estilos anteriores. Los muebles aplanaron los frentes bombé, se enderezaron las curvas de las patas de los asientos, y los zarzillos retorcidos dieron paso a adornos derivados de la arquitectura clásica como la greca, la palmeta o el bucráneo.

El período Luis XVI fue la edad de oro de la ebanistería francesa. Excelentes artesanos de origen alemán y también franceses trabajaron para una distinguida clientela que no dudaba en pagar grandes sumas de dinero por muebles y objetos de adorno. El diseñador de muebles cobró gran importancia durante este período; parte del mobiliario clasicista fue proyectado por arquitectos y pintores, como en el caso de Jacques-Louis David. Se publicaron grabados con modelos de muebles y el neoclasicismo influyó también en el diseño de platería, bordados, cerámica y tapices. En la década de 1770 se sentaron las bases del llamado “estilo etrusco”, más deliberadamente “antiguo”, que con el tiempo pasaría a ser el estilo Directorio o fase primera del estilo Imperio, un neoclásico tardío estrechamente ligado a los gustos de Napoleón I.

El tránsito del estilo Luis XVI al Imperio supuso la aparición de motivos napoleónicos (las abejas, la “N” gigantesca dentro de una corona de laurel y las águilas) junto a invenciones de estilo egyptiennerie. Percier y Fontaine, autores de Recueil de décorations intérieurs, suministraron muchos diseños de este tipo de mobiliario. Se utilizaron tejidos suntuosos en la decoración de los interiores y la pintura de las paredes se sustituyó por papel pintado. El estilo Imperio mantuvo la simplicidad geométrica de las formas, inspiradas siempre en la antigüedad, y la unidad del material, con preferencia la caoba, con lo que se facilitó la producción a escala industrial. El mueblista más célebre de la época, Jacob-Desmalter, no era un artesano dedicado a hacer piezas sueltas de mobiliario, sino el dueño y director de una fábrica.

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