José Antonio de Mendoza Caamaño y Sotomayor

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José Antonio de Mendoza Caamaño y Sotomayor

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José Antonio de Mendoza Caamaño y Sotomayor. Nacido en 1667 y fallecido en 1746, marqués de Villagarcía y vigésimo noveno virrey del Perú (1736-1745). Ostentó los títulos de marqués de Villagarcía, conde Barrantes, señor de Vista Alegre, Rubianes, Lamas y Villanueva. Ingresó muy joven en la Corte como gentilhombre de cámara del Rey y, posteriormente, fue admitido como caballero de la Orden de Santiago. Contrajo matrimonio con Clara de Monroy, de la que al poco tiempo enviudó. Ocupó los cargos de asistente del monarca en Sevilla, embajador en Venecia y virrey de Cataluña en 1705. La Corona le nombró virrey del Perú cuando el marqués contaba con 67 años. Zarpó de Cádiz a bordo de «El Conquistador» el 27 de mayo de 1735. Hizo escalas en Panamá y Paita antes de ingresar y ocupar oficialmente su cargo en Lima el 6 de enero de 1736. Nombró como asesor personal al jurista limeño Pedro José Bravo de Lagunas y Castilla. Durante su gobierno fue restablecido en 1740 el virreinato de Nueva Granada, al que quedaron agregadas definitivamente las Audiencias de Panamá y Quito. En el gobierno económico, su preocupación se dirigió a controlar la corrupción de los oficiales reales que provocaban los fraudes y los extravíos de dinero. Para evitar estos males ordenó que en adelante los libramientos se hiciesen previa aprobación suya y que el Tribunal de Cuentas fiscalizara cada mes el ritmo de los pagos, al tiempo que impuso una multa de mil pesos a aquellos oficiales que fueran descubiertos realizando pagos ilícitos. En cuanto a la producción minera, se introdujo mejoras técnicas en el beneficio del azogue de Huancavelica, se optó por alquilar indios antes que recurrir al trabajo forzado y se suprimió el uso de la pólvora. Estas reformas condujeron a que Huancavelica aumentara su producción hasta 65.424 quintales entre 1736 y 1748. Por el contrario, los esfuerzos encaminados a disminuir el contrabando fueron inútiles. En cuanto a defensa, la tranquilidad fue alterada por la incursión de naves corsarias inglesas al mando del vicealmirante George Anson, quien saqueó e incendió en 1741 los puertos de Paita y Mantas. El virrey reforzó las defensas de Lima con doce mil hombres de armas pero Anson continuó su marcha hacia Tierra Firme. Enterado del alejamiento del corsario, el virrey despachó a las fragatas «Belén» y «La Rosa» en procura de su captura pero éstas, erróneamente, se dirigieron hacia el sur. Por su parte, los navíos de combate que partieron de Santander al mando del almirante José Alonso Pizarro llegaron al Perú cuando ya Ansón había retornado a Inglaterra. En política interior destacó la continuidad del ciclo de rebeliones en los Andes que se iniciaron bajo el gobierno del marqués de Castelfuerte. En la villa de Oruro fue descubierta en 1739 la conspiración del mestizo Juan Vélez de Córdoba y del alcalde de indios Eugenio Pachamina contra el mal gobierno y el cobro excesivo de impuestos. El corregidor ordenó el apresamiento de ambos cabecillas bajo el cargo de delito de lesa majestad y les ajustició. En 1742 estalló en las regiones de Tarma y Chanchamayo, en la provincia de Huánuco, la rebelión de Juan Santos Atahualpa que se hizo proclamar descendiente de los incas y obtuvo el apoyo de las etnias campa, shipibo-conibo, a los que se conocía vulgarmente como chunchos. Los rebeldes ocuparon el fuerte de Quimirí y exterminaron a las misiones franciscanas de Pangoa y Pozuzo. La expedición militar al mando de Pedro Milla y Benito Troncoso que envió el marqués de Villagarcía fracasó en su intento de capturar al líder campa, quien se refugió en el inexpugnable Cerro de la Sal. La guerra se iba a prolongar más allá del gobierno de este virrey, y sólo concluyó en 1756 cuando Juan Santos murió de una enfermedad desconocida. Por último, en la región cuzqueña de Calca y Lares se produjeron tumultos indígenas contra el incremento de los tributos. En el aspecto cultural destacó la estancia en el virreinato de los marinos y científicos españoles Jorge Juan (1713-1773) y Antonio de Ulloa (1716-1795) quienes trazaron el cuadro de la situación del Perú en sus aspectos geográfico, histórico, natural, social y económico en la obra Relación Histórica del viaje a la América Meridional, que se publicó en Madrid en 1748. Estos mismos personajes redactaron para la Corona un informe secreto, las Noticias Secretas de América, que fue publicado en 1826 y en el que denunciaron los problemas de desorganización, corrupción, estado de rebelión y contrabando que afectaban a estas administraciones coloniales. En 1737 se inauguró en el Arco del Puente de Lima la estatua ecuestre en honor de Felipe V, obra de Baltazar Gavilán. En 1744 se editó en la capital la Gazeta de Lima, cuya existencia se iba a prolongar hasta 1767. Durante este gobierno se celebraron dos autos de fe, el primero el 23 de diciembre de 1736, en el que se castigó con la hoguera a la toledana Ana de Castro por judaizante, y el segundo el 11 de noviembre de 1737. Entre los desastres naturales más importantes estuvo el terremoto que destruyó la ciudad de Valdivia el 24 de diciembre de 1737 y la erupción del volcán Cotopaxi en noviembre de 1744. Tras gobernar más de nueve años, este virrey solicitó su relevo a la Corona que, en un principio, eligió a Sebastián de Eslava, pero por tras su renuncia el cargo recayó en el capitán general de Chile José Antonio Manso de Velasco. La memoria de este virrey fue redactada por su asesor Bravo de Lagunas, y el traspaso de poder tuvo lugar en julio de 1745. El marqués de Villagarcía permaneció en Lima hasta septiembre de 1746, fecha en que partió hacia España, pero murió de enfermedad desconocida el 14 de diciembre de 1746 cuando su nave surcaba el Atlántico. Sus restos mortales fueron sepultados en Cádiz.

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